martes, 21 de agosto de 2018

RELATOS DE VIAJE- LOS NUEVOS CONOCIDOS

Les voy a contar una historia muy bonita... (Al menos esa es mi expectativa al momento de haberlo escrito, espero que sí lo sea al final; si no, ustedes dispensen).

Hoy, mientras estaba en la sala de abordaje para tomar mi vuelo, vi de frente a una chica que asumí que era extranjera por su forma de vestir, cabello rubio, corto y desarreglado, ojos grandes, saltones y azules y facciones poco comunes (clichés, lo sé). Unos minutos después llegó una familia mexicana (eso lo sé porque venían platicando con acento muy mexicano) a sentarse en los asientos disponibles cerca de ella, justo a su lado se sentó el hijo: moreno, estatura media, delgado, cabello corto y con lentes de ver; fue cuando comprobé que ella sí era extranjera porque él le preguntó en inglés que si podía sentarse ahí y ella contestó que sí, también en inglés, este último fragmento de conversación me dejó claro que no se conocían  de antes. Dejé de verlos y volví a lo mío.

De pronto anunciaron el inicio de abordaje, de esos anuncios donde la gente se pone de pie para formarse pero luego terminan el mensaje con algo parecido a: "por favor, no se levante de su asiento, este es solo un aviso para los pasajeros en el vuelo bla, bla, bla..." y entonces, todos se sientan. Esa distracción hizo que volviera a poner atención en los nuevos conocidos, que ahora tenían una conversación en inglés bastante amena y con mucho interés de ambas partes (eso lo supe por su lenguaje corporal).

Como no me gusta hacer fila, me esperé hasta el final cuando anuncian la "última llamada del vuelo fulano de tal, pasajeros con rumbo a Tijuana favor de pasar a la sala 22". Y ahí voy, con mi maletita, bolsa, libro y café en mano. Esta vez me había tocado el asiento 28F, o sea, ventana.

Pero estoy redactando esto en el asiento 28C, en el pasillo y del otro lado de donde me tocaba. Ahí les va por qué.

Resulta que como me subí al avión cuando la mayoría ya estaba en sus lugares, no había espacio para mi maleta cerca de la fila 28. Vi mi lugar vacío, el 28F, y a lado estaba la chica extranjera, casualidades de la vida. Pero también estaba vacío el 28C, en el pasillo, y como tenía que regresarme a buscar espacio para mi maleta, decidí poner mi bolsa, libro y café en el 28C para no batallar. Cuando regresé, se me hizo fácil sentarme ahí en lugar de incomodar a la chica extranjera y a una señora de la tercera edad que estaba en el 28D, hubiéramos sido nosotras 3 en esa parte de la fila 28.

En lugar de nosotras 3, está ahora el chico mexicano con el que estuvo platicando en la sala de espera. No pudo haber sido algo que planearan porque seguro no se imaginan que yo iba en ese lugar, posiblemente piensan que la persona del 28F no llegó o simplemente quedó vacío.

No se distingue el tema de su plática, pero se percibe bien la risa de ella y la voces de los dos, se enseñan sus teléfonos y él no puede voltearse más hacia ella porque estando sentados de lado a lado, prácticamente está frente a ella.

Me gusta pensar en que de la nada puede surgir entre ellos una bonita amistad, ¿y por qué no?, una bonita relación de algo más que amistad. Pero me gusta más darme cuenta de cómo las situaciones a nuestro alrededor se van alineando para ponernos en momentos que son parteaguas en nuestras vidas, me gusta más imaginar en cuántas situaciones similares he estado, dónde alguien más se haya podido dar cuenta de algo que yo jamás percibí.

Y una última cosa, me gusta ver cómo se aprovechan las oportunidades de forma determinada. Es evidente que el chico mexicano quería seguir platicando con ella, vio el asiento vacío y no titubeó en cambiarse en cuanto se apagó la luz del cinturón, él estaba sentado con su familia unas 4-5 filas adelante, lo había ubicado cuando venía de regreso a la fila 28 después de haber acomodado mi maleta.

Aquí les dejo dos fotos que les pude tomar:



Lorena Beltrán
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