martes, 21 de marzo de 2017

RELATOS DE VIAJE- EL DOCTOR INVESTIGADOR 1/2

Mi vecino de vuelo iba a la Ciudad de México a dar una conferencia en la UNAM, se dedica a la investigación en el campo de la medicina y ya había dado conferencias por todo el mundo; en ese momento estaba trabajando en un proyecto para encontrar la cura del cáncer pero me confesó que se dedica a eso porque es para lo que el gobierno da presupuesto ya que dicha enfermedad la ven como negocio, su verdadera pasión y que toma como 'hobbie' es la investigación de tratamientos que contrarresten la epilepsia, les contaré de eso y en la siguiente entrada volveremos al tema del cáncer porque de otra forma ésta quedará como un pergamino (no se la pierdan porque me dejó perpleja).


Parte 1 de 2.
En una ocasión le tocó presenciar a una persona en pleno ataque de epilepsia, se calmó y al par de minutos de nuevo le dio otro ataque... la persona era una niña de menos de 10 años acompañada por su mamá que, aunque se veía como una experta en lidiar con la epilepsia de su hija, tenía un semblante cansado y poco esperanzador. Es ahí cuando el doctor-investigador se acercó a la madre para ayudarle y platicó brevemente con ella, la madre le reveló que ¡su hija sufría entre 60 y 70 ataques por día!, ¿se imaginan una vida así?, si a mí se me enchinó la piel de solamente escucharlo en ese momento, no me imagino al doctor-investigador, y qué decir de la madre.

Ese suceso lo marcó tanto que quiso dedicarse a la investigación de esa enfermedad para tratar de encontrar la cura porque pudo presenciar lo desesperante que es padecerla, la niña pierde por completo su infancia, su oportunidad de vivir, de jugar y de tener una vida en donde pueda convivir con las demás personas porque en cualquier momento le puede dar otro ataque que la tumba, su casa debe estar adecuada con espacios amplios y lejos de muebles que la puedan dañar cuando llega al piso, además es una enfermedad familiar ya que todos la padecerán de por vida a su manera porque hasta este momento no existe cura y la familia se envuelve totalmente en el entorno y al cuidado de la vida de su hija olvidándose de la propia.

Mencioné al inicio que ese era su 'hobbie' porque a los pocos meses de estar investigando la enfermedad, se dio cuenta de que el gobierno no proporciona fondos para ello, es decir, tenía que volver al campo del cáncer si quería seguir comiendo, la razón es simple: el porcentaje de la población con epilepsia no es tan alto como para que se vuelva un negocio. Así de simple, así de frío.

Es imposible no ponerse en los zapatos de esa niña, de esa madre o pensar en las miles de personas que sufren de epilepsia pero que simplemente no alcanzan un porcentaje suficiente para volverse negocio y que alguien pueda proporcionarles los medicamentos o tratamientos apropiados que les permitan tener una vida normal, es triste pensar que por la avaricia, tantas personas, directa o indirectamente, siguen sufriendo de esa forma, ¡qué impotencia!

El doctor-investigador me dijo que él por su cuenta junto con su equipo de trabajo, financiando con dinero propio o con algunos donativos, siguen investigando y tienen comunicación con otros grupos que se dedican a lo mismo en distintas partes del mundo y que hasta que él tenga uso de razón, seguirá en lo mismo, buscando tratamientos que mejoren la calidad de vida de personas con epilepsia.

Lorena Beltrán
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