martes, 25 de octubre de 2016

RELATOS DE VIAJE - LA HIJA

Era un vuelo nocturno el que estaba por tomar, la sala de espera en el aeropuerto estaba con muy poco murmullo, la gran mayoría queríamos abordar para poder dormir pero, gran sorpresa, personal de la aerolínea nos avisó que había demora.

Dos horas después estaba en el avión para regresar a mi ciudad, ansiosa por despegar para poderme dormir. Las aeromozas estaban terminando de dar las instrucciones que ya me sé pero que igual veo y escucho por pura inercia, indicando las salidas de emergencia y mostrando cómo abrir y cerrar el cinturón de seguridad, con ese rostro plano sin sonrisa, sin enojo, sin mirar a nadie en específico, sin nada de emoción ni expresión. 


Esta vez me tocó en el asiento de en medio, de lado derecho no supe quién fue porque se sentó y se durmió. De lado derecho estaba una mujer cansada, con su piernas y brazos cruzados, en ropa cómoda, sin maquillaje y el cabello recogido. Voltee hacia ella haciendo una leve seña de que mi cinturón estaba atorado con ella y se movió, me abroché. Le bastó ese ligero contacto para decirme: "–Por fin nos vamos.", haciendo referencia a la demora que tenía nuestro vuelo, "–Sí, ya mero llegamos a casa, ¿usted vive en Tijuana?, se ve cansada... –le contesté."

De ahí, no dejamos de hablar en las próximas tres horas y media, lloré con ella. Resulta que venía de estar con su mamá 10 días, su papá había fallecido hacía unos meses y tanto ella como su hermana vivían en San Diego, California, así que su mamá estaba sola en el centro del país y se turnaban para ir a visitarla y estar tiempo con ella. Me dijo que esta vez había sido diferente y que sentía un remordimiento enorme por dejar a su mamá sola, fue ahí donde empezó a llorar y me contagió. Le habían contratado una muchacha a su madre para que la cuidara 24 horas pero, no es lo mismo. Esta vez fue distinto porque por primera vez en su vida, vio a su mamá débil, la vio frágil, durmió en la misma cama que su madre y despertó por la noche, volteó a verla y vio a una mujer de edad avanzada sin fuerza, estaba dormida pero la vio sin fuerza. Fue ahí donde se dio cuenta de que su mamá había dado todo de sí los últimos años por cuidar a su esposo, al padre de "La hija" (protagonista de ésta entrada) que padeció cáncer. Fue ese viaje el que le hizo ver que la vida finalmente empezaba a pasar factura a su madre.

Hablamos de los planes con su madre, estaban en trámites para vender sus propiedades por allá y traer a su madre a la frontera cuanto antes, con este viaje, ese "cuanto antes" tenía más prisa que nunca. Una cosa llevó a la otra, me explicó dónde viviría su madre cuando finalmente estuviesen cerca, me habló de su hermana y de lo guapa que era, me mostró fotos de su hijo y su esposo y también me contó de uno de los viajes que hizo para estar con su padre en los momentos más críticos de la enfermedad, ahí también dejamos salir un par de lágrimas.

Era la etapa final del cáncer, una noche que estuvo cuidándolo mientras él dormía, aprovechó para revisar algunas cosas del trabajo a media luz y en silencio, cuando escuchó "–Hija, ¿qué haces? –preguntó su padre–.", poniendo su material de trabajo por un lado, contestó ella "–Estoy trabajando papá", "–¿Cuándo vas a parar, Mariana? –replicó él." Mariana, "La hija", le preguntó a qué se refería y con ello, se detonó un intercambio de opiniones sobre por qué Mariana trabajaba tanto refiriendo su éxito profesional y sus logros personales y por qué su padre argumentaba que no debiera ser tanto y que debía disfrutar más tiempo con su familia, su padre concluyó con lo siguiente que ocasionó un nudo en mi garganta y me dejó una enseñanza de vida: 

"Mariana, sé que pronto voy a morir y vas a estar en la noche de mi velación acompañando a tu madre y a tu hermana, eres la fuerte, siempre lo has sido. Ese día, quiero que te acerques al ataúd y me veas, quiero que levantes mis dos manos y mis dos pies para que veas que de aquí, nada me voy a llevar. ¿Cuándo vas a parar, hija?."

Lorena Beltrán
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martes, 18 de octubre de 2016

RELATOS DE VIAJE

En este punto de mi vida, no sé si he viajado mucho o poco, depende de con quién se me compare, lo que sí sé es que gracias a los viajes y los vuelos, hay varias personas que me han dejado reflexiones que hasta la fecha recuerdo casi con punto y coma, son "desconocidos míos" (como diría mi papá) que de algún modo me han marcado y lo quiero compartir. 

Uno de los tantos despegues.

Uno de los regalos que me da el viajar, es el poder platicar con mis vecinos de asiento en el avión. Somos personas aleatorias que, por azares de la vida, compartimos algunas horas ahí, sentados uno a lado del otro, intercambiando una sonrisa, turnándonos el antebrazo, pidiendo permiso para poder ir al baño o bajar algo del maletero, regalando chicles, hablando del clima, de la ciudad, del motivo del viaje, de la ciudad de origen, de la familia, de la vida y, si queda tiempo, preguntamos nuestros nombres presentándonos al final.

Me ha tocado de todo, me he reído a carcajadas, me he asombrado, me he enamorado... también me he dormido, he leído libros, he escrito (estar en un avión me inspira), he trabajado y he escuchado música, obviamente éstos últimos no entran dentro de lo que quiero escribir pero, es parte de lo que se hace mientras vuelas.

La vida me dio un trabajo que disfruto muchísimo y que aparte, me da la oportunidad de viajar sola eventualmente y ¡me encanta!, porque nunca sé con quién me voy a sentar ni el tema del que vamos a hablar, es como una sorpresa que espero ansiosa porque he tenido excelentes experiencias, casi toda persona tiene un lado bueno y hay muchos deambulando por ahí que solamente ocupan la apertura de alguien para desahogarse, conversar, expresar, ser escuchados. Yo he sido escuchada y también he escuchado mucho... y preguntado bastante.

La siguiente entrada de "RELATOS DE VIAJE" estará dedicada a "LA HIJA".

Lorena Beltrán
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